No se trata de una historia perfecta, sino de una historia entendida
Hay algo que no puedo dejar de notar últimamente: la cantidad de publicaciones con finales laborales “perfectos” que veo en LinkedIn. El típico “hoy cierro un ciclo…” impecable, pulido, perfecto. Pero todos sabemos que detrás de muchos de esos posts hubo algo distinto: un despido, una renuncia difícil, un jefe complicado, un ambiente que dejó de ser sostenible. Y no puedo evitar preguntarme: ¿en qué momento nos dio vergüenza decir la verdad? Nos enseñaron que, para ser contratados, tenemos que tener hojas de vida perfectas, cuando lo que tenemos son vidas reales. Con errores. Con decisiones incómodas. Con momentos en los que simplemente no supimos qué hacer. Hace unos meses me despidieron. No por falta de resultados, sino por no aceptar de inmediato un cambio importante en mi esquema salarial. Lo cuestioné. Mucho. Incluso hubo quien me dijo que eso había sido “desagradecido” de mi parte. Y sí, por un momento dudé. Pero nunca sentí que hubiera estado mal intentar negociar. Nunca sentí q...